Cambio yo, cambia el mundo

Estas dos semanas desde que escribí el último artículo del blog han sido muy intensas.
No quiero ponerme a informar de las protestas exhaustivamente. Si a alguien le interesa un análisis político del asunto, le recomiendo echar un vistazo a este otro blog.
Como ya todos sabéis, queridos lectores, la urbe del Bósforo se ha alzado contra el primer ministro. El resto de las ciudades de Turquía les han seguido. Hay quien dice que es un Occupy (entre nosotros, un 15M), hay quien dice que es una primavera árabe. Como es lógico, no es lo uno ni lo otro. Son çapulcu, que en turco significa algo así entre macarra y delincuente. En nuestro contexto, un çapulcu (leído chapulyu, por cierto), es el candidato idóneo a que se le aplique la ley de vagos y maleantes.
Este es un artículo un poco largo, así que lo voy a dividir en varias partes.

Los derechos humanos no son prioridad para el gobierno.

El desencadenante de todo ha sido la reforma forzada del Parque Gezi, junto a Taksim, la plaza más central de la zona europea moderna (lo digo así para diferenciarlo de Fatih, que no tiene nada que ver a pesar de ser zona europea). Sin embargo, los turcos llevaban comulgando con ruedas de molino muchos años. Por lo general es difícil soportar a un presidente o primer ministro con mayoría absoluta, más aún si no le has votado. Pero si además, tras más de diez años en el poder, el susodicho se empieza a convertir poco a poco en un sultán redivivo, la paciencia llega a su fin.
Pongo unos ejemplos de recortes en derechos que se han llevado a cabo durante los gobiernos de Erdogan:
-Censura prácticamente total de la pornografía en internet.
-Censura de la aparición de tabaco y sangre en la televisión (y ahora, alcohol). Aparecen tras una hojita de parra.
-Encarcelamiento de varias personas famosas por injurias contra el islam (oficialmente contra "las creencias de un sector de la población).
-Encarecimiento prohibitivo del alcohol mediante impuestos, recrudecimiento de las leyes para frenar su venta y consumo (recordemos que el gobierno es islamista y el alcohol es haram).
-Declaración pública (extraoficial) de miembros del gobierno, supuestamente médicos, afirmando que la homosexualidad es una enfermedad.
La lista puede seguir. Para un conocimiento detallado de la actualidad turca recomiendo el periódico Hurriyet (en inglés), y Wikipedia explica bastante bien cuál es la situación actual en lo referente a derechos humanos.
Erdogan es una persona a la que los derechos humanos, digamos, le preocupan poco. En las manifestaciones ya han muerto tres personas (mentira, han muerto más, pero esa es la cifra oficial). Pero su obsesión es que esta gente maleante está atacando la economía. Me recuerda a otro presidente, con barba y tal, que defiende la marca España, porque ya no tiene economía que defender.

Hasta aquí hemos llegado

Para evitar la demolición del parque se convocaron varias actividades el mes pasado, tales como conciertos u obras de teatro. No sirvió para mucho. Pero cuando llegaron las grúas para tirar los árboles, unos valientes pioneros acamparon delante de las máquinas y se encadenaron a los árboles. El primer ministro, en un dechado de amabilidad y mano izquierda, declaró que pueden protestar todo lo que quieran, porque la decisión de talar los árboles está ya tomada. Y después, añado yo, construir un centro comercial.
Por cierto, este es el estado de esas máquinas hoy:

Burn, motherfucker, burn.
La policía les gaseó con pimienta y la situación se calentó. Mucha gente fue a apoyarles y el resultado fue el que se ve en la foto. En este momento muchos lectores se estarán echando las manos a la cabeza y denunciando la violencia de los manifestantes.
El hecho, la verdad última, es que los árboles siguen en pie. El 15M es pacífico, y ni reforma electoral, ni fin de los recortes ni nada.
Y no digo más.
La cuestión es que uno no se enfrenta a un batallón de antidisturbios por unos árboles. El gas pimienta molesta mucho (el que escribe fue gaseado varias veces por los defensores de la ley y el orden aquel día), no es como para tomárselo a broma.
No. Aquí se lucha por la libertad y por la democracia. La sensación global es que ayer fue la ley contra el alcohol, hoy es el Parque Gezi, y mañana puede ser cualquier cosa. Obligación legal para las mujeres de llevar velo. Prohibición total del alcohol. Religión obligatoria en las escuelas. Pese a la opinión que tenemos en Europa sobre Turquía, en realidad es una república (eh, atención, una república) muy democrática y a sus ciudadanos les preocupa el futuro de su democracia.
Así que los turcos han decidido plantarse, dibujar una línea en el suelo y decir, como el capitán Picard: HASTA AQUÍ! NO MÁS LEJOS! Pese a que el lema pueda ser muchas veces "Erdogan, istifa" (Erdogan, dimisión), no creo que la gente quiera realmente la dimisión del presidente, democráticamente elegido. Más bien es advertirle de hasta dónde puede ir.



Cambio yo, cambia el mundo.

Pero las protestan pasarán, con o sin parque. Yo espero que el primer ministro recule y decida conservar el parque, aunque el resto de las peticiones de los manifestantes son más difíciles de conseguir (como la prohibición del gas pimienta, aunque quizás piensan que sin gas se acaba la violencia... deberían ver a los mossos en acción).
La gran pregunta que me surge es si la siguiente: ¿qué se llevarán a casa los çapulcular?
El 15M (la comparación es inevitable) dejó dos cosas en España. En primer lugar, creo una serie de redes de grupos de resistencia y reivindicación que han servido de plataforma para catapultar otros movimientos, tales como las diferentes "mareas" o la PAH.
En segundo lugar, dejó en las personas que participamos el sentimiento de que no teníamos que tragar con más mierda (con perdón). El que escribe ha corrido delante de los antidisturbios españoles más de lo que se corre en la maratón; por suerte uno es rápido y no le cazan, pero por el camino sí me he tenido que parar a recoger los trozos que se iba dejando la gente. En concreto, recuerdo a un señor al que un antidisturbios le atizó en la cara, rompiéndole las gafas y haciéndole heridas en toda la cara; tuve que defenderle para que no le rematara, porque el animal quería soltarle otra. Después de eso, queridos amigos, ¿pensáis que un coche me puede adelantar de mala manera cuando voy en la bicicleta? ¿Pensáis que un cretino me puede llamar perroflauta e irse sin más? ¿Pensáis que se me pueden colar en la cola del mercado? No. Bueno, las viejas que se cuelan en el mercado están más rodadas que yo, con ellas no podemos. Pero ahora estamos en pie y es muy difícil hacernos sentar.
En Turquía la sociedad es más conservadora que en España. Como todas las sociedades del mundo, es machista, patriarcal y desprecia a la gente que es diferente, ya sea por raza, religión u opinión. No es muy diferente de cualquier sociedad europea, aunque ciertos países han pasado por momentos históricos que han cambiado a la gente, para mejor.
¿Cambiarán los turcos? Hace poco leí que el 40% de los estudiantes universitarios no tienen amigos del sexo opuesto. Un dato tan absurdo y pequeño, pero que dice mucho del tipo de problemas que tiene la sociedad de este país.
Aguantar el gas pimienta, defenderse del porrazo de un antidisturbios, quemar una grúa y aguantar dos semanas en un parque es difícil y heroico pero no es nada comparado con decirle a tus padres que eres gay o que te vas a casar con un negro. Eso es hacer la revolución en casa, y sin ella de poco sirve la otra. La revolución tiene que estar también dentro de uno, cada vez que juzgamos a alguien por ser diferente o por vivir su vida como quiere, o cada vez que miramos de reojo a una mujer por cómo viste.
Si no, ya podemos ocupar todas las plazas del mundo, no sirve para nada.

Y para acabar, qué mejor que un cóctail Molotov:


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