Algo habrá hecho

Una habitación oscura. Una pantalla de televisión. Un hombre sentado en una silla plegable.
En la televisión aparece un nombre: PEDRO. Pedro está en la calle, paseando. Primer plano de su cara. Ojos marrones, pelo corto. Aparece un grupo de policías y le da una paliza. Los policías se van y dejan a Pedro sangrando en el suelo.
En la televisión aparece un nombre: MARCO. Marco está en un plató de televisión, con un boleto de lotería en la mano. Primer plano de su cara. Ojos marrones, pelo corto. El presentador le tiende un cheque. Marco sonríe y le da la mano. Ha ganado un millón a la lotería.
Una luz se enciende en la habitación. Entra un hombre en bata blanca y se acerca al hombre que está sentado en la silla plegable. "Entre Pedro y Marco... ¿de cuál de los dos te gustaría ser amigo? El hombre en la silla plegable piensa durante un momento y responde: "de Marco". "¿Por qué?", pregunta el hombre en bata. "No lo sé... creo que era... parecía mejor tipo".

Efectivamente. Un gran porcentaje de nosotros, si no todos, tendemos a pensar que el mundo es un lugar justo y que las cosas ocurren por una razón. Y que, normalmente, tenemos control sobre lo que nos pasa, incluidas las desgracias. Marco y Pedro eran la misma persona, el mismo actor. Pero en la mente del espectador, Pedro había hecho algo malo. "Algo habrá hecho", como decían en Argetina antes de matar a una víctima política. Marco, sin embargo, seguramente sea una persona trabajadora y esforzada. Se merece ese premio. Que lo disfrute.

TODO MENTIRA

La ilusión de un mundo justo es uno de los sesgos cognitivos que más asco me da. ¿En serio no podemos ser un poco más racionales? ¿Es que el ser humano está tan tarado que no puede mostrar un poco de compasión hacia la desgracia?
La ilusión de un mundo justo se presenta en las formas más degradantes que uno se pueda imaginar. Aquí unos ejemplos de gente que se lo merece:
-Víctimas de violación: es que... mira cómo se visten.
-Mendigos: si no quisieran no estarían así. Hay lugares donde les pueden ayudar y donde les pueden buscar un trabajo.
-Víctimas de catástrofes naturales: ¿por qué viven ahí? Que se vayan a vivir a un lugar donde no haya terremotos.

Esta locura no ocurre en nuestra mente sin razón. Ocurre por dos motivos fundamentales:
  1. Ilusión de seguridad. Preferimos pensar que el mundo es justo y las desgracias ocurren por culpa de las víctimas. Así, podemos pensar que a nosotros no nos puede pasar, porque no nos exponemos al riesgo.
  2. ¿Necesidad de ayudar? Ninguna. Si una persona se ha expuesto innecesariamente a un riesgo, no hay por qué ayudarle ni mostrarle solidaridad. Si te has ido a vivir a una zona de tornados no te quejes cuando te pille uno, porque no te vamos a ayudar.
Por supuesto, esto funciona al revés. Si alguien ha llegado a presidente, tiene que ser una buena persona y muy inteligente. Aunque todas las pruebas indiquen lo contrario...
El extremo de este fenómeno mental es cuando lo mezclamos con otros prejuicios, como el racismo, o la homofobia:
-A la familia de Ahmet la han volado por los aires en un atentado. Pero la culpa es suya, por ser irakí (creo que nadie dice esto en voz alta, pero la absoluta falta de empatía por los pueblos no europeos occidentales siempre me ha sorprendido, tiene que haber alguna razón).
-Manolo ha cogido el sida. Pero es su culpa por fol*** sin condón siendo gay (en realidad es enfermero y se pinchó con una aguja infectada, pero a quién le importa eso).
Es curioso cómo a las víctimas del sida se las tiene tan criminalizadas, pero sin embargo a enfermedades que se pueden prevenir parcialmente, no, como el cáncer. Todo una cuestión de televisión.

Y ahora, pasemos a las noticias locales.
Poca gente recuerda ya el caso de Íñigo Cabacas (yo tengo su nombre grabado a fuego, como el de Pippa Bacca). Íñigo murió en una carga policial de la Ertzaintza. En seguida se puso en marcha el mecanismo. Íñigo estaba atacando a la policía, o era un vándalo (no sé si se llegó a decir que era un terrorista, pero no me extrañaría). En realidad era un fan del Athletic de Bilbao en una herriko.
El hecho de que estuviera en una herriko (un bar de tinte político nacionalista e independetista) y de que fuera fan de un equipo de fútbol le hicieron blanco perfecto para la ilusión del mundo justo. Íñigo seguramente estaba metido en cualquier tipo de asociación turbia, provocando a la policía, o cualquier cosa. Es más, seguramente recibió un golpe de una botella, un ladrillo o una piedra, porque en el mundo justo la gente no muere a manos de la policía.
La verdad última es que la policía entró salvajemente en el bar, donde no había problemas, y lo mató de un pelotazo a corta distancia. La grabación de las comunicaciones de la policía está disponible pinchando aquí para quien quiera atreverse a ver que este no es un mundo justo.
¿Merece Íñigo nuestra solidaridad?



El día uno de mayo el gobierno turco prohibió las manifestaciones en la plaza de Taksim alegando que no era seguro manifestarse allí (trololó, ya que en las últimas semanas se ha demostrado que la gente no es imbécil y no se tira a las zanjas porque sí).
En los inevitables altercados que siguieron cuando la gente intentó ir a Taksim, una adolescente de 17 años fue herida de gravedad por el disparo en la cabeza de una bala de gas a corta distancia.



La policía se lanzó a decir que se había caído y se había dado en la cabeza. Cuando todo el mundo vio el vídeo (aunque misteriosamente faltan los tres segundos donde la bala le da en la cabeza), el ministro de interior lo aclaró todo. En realidad, Dilan Alp era miembro de un "grupo marginal" (una antisistema, en argot ibérico). Y además había desobedecido a la policía.
Ah, vale. Ahora me siento mucho mejor.

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