Turquía, país invitado en Arco

Intentar acercarse a la cultura de un país desconocido a través de su arte contemporáneo es como intentar descubrir la gastronomía de España a través de los bocadillos de Rodilla.
Seamos conscientes de esto antes de continuar. Las tribulaciones y problemas de la gran mayoría de la población poco tienen que ver con la producción artística de alguien que "vive a caballo entre su país de origen y ciudades como Ámsterdam o Nueva York".
Acabo de leer, con una sensación entre sobrecogimiento y espanto, este artículo de El País, que además tiene la poca vergüenza de titularse Más allá del cliché. Para los que no quieran leer el artículo (solo la parte que habla sobre arte es medianamente interesante), pero les llame el morbo de los fallos periodísticos, he aquí los errores más destacables:
-Estambul no es la capital de Turquía. Es Ankara.
-"Calle" en turco no es "cadessi", es "caddesi". Aunque en realidad la traducción sería "calle de".
-Las primeras elecciones "libres" (me encanta este término) no fueron en 1984. Fueron en 1950 (qué envidia, ¿eh?).
Ya sabemos todos que El País está en vacas flacas, pero una pequeña visita a Wikipedia habría bastado. Aquí están las referencias: 1, 2 y 3. La Wikipedia es gratis.



Y ahora, mi opinión sobre el tema.
Turquía no es un país que goce de una gran imagen internacional. Creo que no estoy revelando ningún secreto. España lleva trabajando siglos en la "marca España", desde los viajes de la aristocracia europa del Grand Tour hasta Spain is different de los '60. Mientras tanto a Turquía le ha tocado el sambenito de  ser el niño raro de la sociedad europea, pero parece que se han aplicado y han decidido darle la vuelta a la situación.
El arte contemporáneo por países no es más que una estrategia de imagen pública, como lo son las Olimpiadas, las exposiciones internacionales o incluso las películas. De hecho, no me extrañaría nada ver a China invitada en la próxima feria Arco, como tampoco me sorprendería al ver unas olimpiadas en Estambul. Todos estos eventos tienen siempre algo en común: un país con una imagen que mejorar, y donde sobra dinero (o donde se las arreglan para robarlo, véase Atenas 2000).
Pero el arte tiene la desgracia de que, algunas veces, tiene que hablar de algo. Ya se han hecho grandes esfuerzos para inventar artes en las que se pueda no hablar de absolutamente nada: es el sueño húmedo de cualquier comisario de Arco. Una feria llena de países invitados que pueden mostrar lo modernos que son con su arte que no significa absolutamente nada.
Pero por desgracia, el arte, como la aldea gala de Astérix, se resiste tozudamente.
Según El País (y esperemos que aquí se hayan informado un poco más), la bienal de Estambul "se ha ocupado de la discriminación de las mujeres, la homosexualidad, la desigualdad...". Qué menos. Demasiado para el azar que la bienal de Estambul se haya dedicado a los temas que, precisamente, asaltan la mente del turista potencial antes de reservar su vuelo a Estambul: las mujeres van todo tapadas, no hay nadie del club del pepino, como diría el clon de Ahmadineyad, solo hay mendigos y millonarios. Por si acaso, ya está ahí la Bienal para desmentir los mitos, los clichés, que injustamente se le atribuyen a este país.
Y es verdad que son mitos injustos. Las mujeres no van especialmente más tapadas que en España, ni a los homosexuales les pasa nada que no les pase en España, y cada vez que abro cualquier periódico español me río de la injusticia social de Turquía. Por cierto, la última bienal de diseño de Estambul se dedicó entre otras cosas a la especulación inmobiliaria. Había muchos artistas invitados de Madrid.
Lo que no me termina de cuadrar es que los artistas se vean obligados a tratar de estos temas.
Hace algunos años leí un artículo sublime de Mircea Cartarescu. Se llama "Europe has the shape of my brain". En él, Cartarescu se niega a ser un escritor rumano, o balcánico, o de Europa del este, o lo que sea. Él simplemente es escritor, un escritor de una Europa variada y de identidad múltiple y variable. 
¿Por qué Cartarescu debería escribir de calles a medio empedrar, de gitanos, de perros callejeros, cuando lo que él quiere es hablar del amor?
Al parecer, por el mismo motivo por el que los artistas turcos (aunque ponerle el gentilicio ya me parece absurdo), tienen que hacer girar sus obras sobre los derechos de la mujer, la desigualdad, la homosexualidad.
Parece que nadie está interesado en saber lo que piensan los turcos sobre el amor, la belleza y la verdad. Sobre todo si no sirve para llevar más turistas a Istiklal "cadessi".
El artículo de El País lo remata quejándose de que en España, al contrario que en Turquía, ya no hay tanto interés por el arte. En forma de subvenciones y becas, claro. Si al final todo va a girar en torno al vil metal...


PD: Acabo de ver que en el artículo dicen que el Bósforo es un río. ¡Madre mía!

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