Soy ilegal

Está mal que lo diga a los cuatro vientos, así, aquí. En un blog, donde todo el mundo lo pueda leer. Pero me siento extrañamente orgulloso. Soy un inmigrante ilegal.
Pertenezco (espero que por poco tiempo) a ese cuerpo laboral que es la escoria del sistema. Escoria: el residuo, lo que sobra después de quemar el carbón, la parte que no se sabe qué hacer con ella. Eso es la escoria. Encaja bien con la descripción. Un inmigrante ilegal es alguien que sopesa las consecuencias de romper las leyes de un país extranjero a cambio de unas condiciones laborales mejores (o simplemente existentes), y la balanza le sale positiva.
Pero no quiero contar mi situación, que en todo caso nada tiene que ver con los inmigrantes en los que todos pensamos cuando hablamos de los inmigrantes ilegales. Yo en todo caso soy un ilegal de lujo, un ilegal pijo.
Acaba de llegar a mis manos un vídeo:


Resumo para los afortunados que no dominen todavía el inglés: en EE.UU. hay una manifestación contra los inmigrantes ilegales (sí, contra los inmigrantes ilegales, habéis oído bien). En ese momento, aparece un indio y se empieza a cagar en la puta madre de todos los allí presentes. El cámara, presumiblemente blanco, pero más sensato, le apoya y le jalea. De fondo, un payasete ondeando la bandera del país a modo de argumento.
Me quedo helado. La gente se retira, se alejan del individuo indio del carrito y se van con la música a otra parte.
Esto me hace reflexionar (cómo no) en cuál es el origen de todo esto. De considerar a una persona en una condición jurídica diferente de la otra solo por el lugar en el que ha nacido. Dejando aparte el puro racismo, que por otro lado sospecho que es la principal razón de todo esto, solo se me ocurren dos motivos.
El primero. El mundo está poblado por gente que de verdad cree que si las fronteras se abriesen totalmente, todos los pobres del planeta vendrían a trabajar a su barrio. Ese pensamiento va de la mano de "y si todos los chinos saltaran a la vez" y por supuesto con "si todo el mundo quisiera dejar la bicicleta en el patio no se podría pasar". Sobra decir que este último es una cuestión personal, pero lo dejo para otro día. Siempre me ha parecido increíble que los madrileños (y sospecho que casi todos los españoles) piensen firmemente que hay 1000 millones de personas deseando mudarse a una ciudad en la que lo más interesante que se puede hacer es ir a manifestarse a las puertas del congreso porque la gente vive de pura mierda. En fin. No se puede hacer nada por cambiar esta mentalidad. Por suerte no tienen razón y no todo el mundo piensa exactamente lo mismo, como ellos creen. Pero vivirán atrincherada y dispuestos a morir defendiendo su casa con goteras. Por cierto, seguramente esta gente se llame a sí misma liberal, o cosas peores.
El segundo. Quizás seamos solo ganado. Quizás vivimos encerrados en una gigantesca nave industrial donde se nos ordeña todo lo posible. El granjero de turno y sus amiguetes han decidido repartirse el botín de nuestras vidas, bajo el lema de "yo no te jodo a ti, tú no me jodes a mí". A quién le suene, que aplique el concepto de siervo de la gleba. En la edad media, un trabajador que se escapaba de su lugar de trabajo podía ser perseguido y ejecutado por su señor feudal.
Así que a lo mejor tenía razón Morfeo y todo...


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